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03
May

La noche de José Mercatu

Es jueves y la gente de campo ha llegado a la ciudad. La ciudad es una feria los jueves y domingos, estibadores llenan los camiones con papa especialmente, en los mercados se encuentran naranjas, papayas, chirimoyas, lúcumas, manzanas, duraznos… las amas y amos de casa encuentran lo que buscan, diríamos que Cutervo está bien abastecido, quien viva allí no se puede quejar al respecto, sus campiñas siempre han sido productivas al menos para el mercado local… la globalización es una vaina cuyo árbol aún está germinando. Son pocos los agricultores que se han asociado para hacerse “competitivos”, así que hay una gran necesidad que suplir. Mejorar el acceso de los productos al mercado global es también el pan de los candidatos a alcalde, por lo tanto, ante tanto hambre… a repartir se ha dicho.

En las calles aún se pueden observar acémilas trayendo carbón, papa, chancaca… pero cada vez son menos, pues son las combis las que ahora suplen a los cuadrúpedos; las bestias dejan sus bostas en la pista, las máquinas en los pulmones. Hay mucha gente yendo y viniendo, y entre ellos va una caravana que lleva en andas a un Mesías gordito que reparte bendiciones de a 10 soles en cajas de fósforo por doquier, el muy generoso hombre es el actual alcalde de la provincia rumbo a la reelección. José Mercatu, que está siempre a su lado cuenta con los ojos los votos ganados a punta de esfuerzo y astucia. Es difícil surgir desde abajo –se le escuchó decir en una cantina-, es difícil ser foráneo y hacerse de dinero tan rápidamente, para eso hay que ser muy inteligente… hay que agarrar al sapo antes que el zorro. José llegó al pueblo como muchos comerciantes ambulantes, su capital más importante eran 10 tablas de madera, un par de caballetes, un par de buenas frazadas, 12 varas de eucalipto, un par de “petromax” y una linterna para los apagones, una tela de carpa, un buen plástico como impermeable para el techo, y por supuesto, su mercadería. Vendía plásticos en general: baldes, tinas, jarras, lavadores, tapers… Se instaló en la vereda de una calle adyacente al mercado, y soportó las lluvias y el frío por algunos años. Rápidamente se hizo de amigos y vendió y vendió, y acumuló algo de dinero que sabía algún día lo iba a sacar de la pobreza, y esperó y esperó aquel día, ese día, pues el buen Mesías llegaría, estaba escrito en la palma de su mano y en las cartas que una esotérica amante le leyó después de una noche que para él se le antojó profética. Mishito lindo –le dijo- vas a ser hombre rico, hay una persona muy conocida a quien ayudarás y te sabrá recompensar… tienes que tener los ojitos gringos muy abiertos mi amor, y sobre todo, no te olvides de mí… pues yo seré media bruja, pero tú eres hombre al fin y al cabo… y con los hombres una nunca sabe.

A la mañana siguiente, al despertar, José Mercatu sintonizó su radio local favorita y abrió su tienda de campamento… era un día diferente, se respiraba un aire más puro, como buen comerciante, esperó la buena nueva: Su narrador y comentador de noticias había decidido postular a la alcaldía.

Sin esperar más cerró su tienda y fue a por él. Desde allí, el negocio prosperó, y prosperó, y prosperó, y prosperó; cuatro años de proveedor predilecto de bienes de construcción eran muy poco para que la visión de su bruja amante pueda considerarse cierta. Hoy tocaba reelección.

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2 Comentarios

  • Abelardo  dijo:

    me gusto mucho la nota de Jose megustaria que sigan escribiendo me hizo recordar a una persona que conosco, muy buena sigan adelante


  • Omar Ríos  dijo:

    en primer lugar quiero saludarlos y felicitarlos por lo que bienen haciendo por nuestra tierra,es importante para todos valorar lo que tenemos y en cuanto a la nota de José Mercatu esta buenísima me hacer recordar a un personaje que llegué a conocer !!!Bueno amigos sigan adelante un abarzo


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